Europa,  República Checa

Praga, siente la magia de la Navidad

Quizás alguno de vosotros esté planeando un viaje a Praga, u os estéis planteando la posibilidad de conocer esta maravillosa ciudad. Si es vuestro caso desde aquí y ahora, os animo a que lo hagáis, si no es este año, que sea el próximo, pero es un destino único y en estas fechas explotan sus encantos al máximo.

La ciudad de la Navidad

Si eres un amante de las guirnaldas. Si ves películas en Divinity y te preguntas si esa decoración es exagerada o existirá un lugar en el mundo donde la Navidad cobre vida como en ellas, este es tú lugar, de hecho, yo bautizaría a Praga como “la ciudad de la Navidad”

Mercadillo Namesti Miru

 

Caminar por sus calles es inundarse del clásico espíritu navideño, adornos, luces, árboles decorados de mil maneras y estilos diferentes, pero todos con un único propósito, dejar claro al caminante que es una de las ciudades que se visten más bellas en esta época del año. Hasta los escaparates parecen competir entre ellos para ser el mejor decorado.

Perderás la cuenta de los mercadillos que inundan sus calles, en cada plaza, a cada esquina aparece uno distinto. Más grande o más pequeño. Con sus inconfundibles casetas de madera y ese olor a Trdelnik recién hecho. Un postre checo tradicional de pasta de harina cocido a la brasa, con aroma de canela y recubierto de azúcar. (un manjar para el goloso y una pesadilla para las dietas)

Salchichas picantes, Langoše, pollo especiado, o cualquiera de sus platos calientes acompañados con Svarak. Una especie de vino también caliente (que yo equipararía a la típica sopeta de pueblo). O un zumo de manzana caliente. Que enriquecen el ambiente con su apetecible olor. Te embriagarán los sentidos y abrirán el apetito, aunque hayas tenido un viaje de tres horas repleto de turbulencias.

Aquí palabra “hot” acompaña a casi todos los platos. Y no es de extrañar puesto que a las cinco de la tarde anochece en la ciudad y con la noche se endurece el frío. Es también entonces cuando las luces navideñas hacen su entrada triunfal iluminando las calles.

¡Que empiece la magia!

Los copos de nieve comienzan a caer adornando el ambiente con un suave manto blanco. Desde la retirada plaza de Náměstí Míru situada en el barrio de Královské Vinohrady. Bajando por la Avenida principal Vàclavské Námesti o Plaza de Wenceslao hasta Old Town Square o Plaza de la Ciudad Vieja. Los mercadillos con sus respectivos árboles y decorados navideños se suceden unos a otros.

Es en esta última, en La Plaza de la Ciudad Vieja donde se encuentra la guinda del pastel. Rodeado de puestos y decorando la plaza está el famoso Árbol de Navidad de Praga. Magníficamente bello, fabulosamente festivo e imponente. Querréis fotografiarlo desde todos los ángulos y será imposible conseguir un mal encuadre. Es lo que es, bonito y festivo, grande y armonioso, la Navidad más clásica en el centro de Europa.

Nada le falta a este idílico escenario. Los carros tirados por caballos esperan en un lateral de la plaza a los románticos atrevidos que quieran conocer el centro de Praga en una calesa.

Mercadillo Plaza de la Ciudad Vieja (1) de Praga
Mercadillo Plaza de la Ciudad Vieja (1) de Praga

A pesar de las bajas temperaturas a nadie le apetece abandonar el centro histórico, de día o de noche, siempre hay gente disfrutando de este ambiente navideño en estado puro que representa Praga, por todo esto no es de extrañar que grandes medios como Skyscanner o Condé Nast Traveler lo incluyan entre los mejores mercados de Navidad de Europa.

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Si continuáis caminando por las calles empedradas, al otro lado del Puente de Carlos IV aparecen también pequeños mercados repartidos por el barrio de Mala Strada. Todo es poco para llenar de espíritu festivo a los visitantes de la ciudad de las cien torres. Hasta el famoso Castillo cuenta con su propio mercadillo en el interior. Este sirve para paliar el hambre durante su visita que puede durar tres horas.

Como veis Praga es mucho más que un destino turístico. En este rincón de Europa recuperarás el espíritu navideño. Al volver a casa te darás cuenta de que le falta color y que tú árbol es mucho más pequeño de lo que creías.

Y ahora ya sabéis ¡Seguid Viajando!

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