El caserío de Masca en Tenerife
Islas Canarias

Caserío de Masca, el secreto mejor guardado de Tenerife

El encanto de las islas canarias es innegable. Su magnífica ubicación frente a las costas africanas le dan un clima excepcional que nada tiene que envidiar al de la península ibérica. Es difícil elegir una sola de sus islas. La mejor opción posible es descubrirlas una a una y desvelar sus secretos poco a poco. Yo empezaré revelando el secreto mejor guardado de Tenerife, el caserío de Masca.

El caserío de Masca, el secretito de Tenerife

El caserío de Masca es un conjunto de casas que aparecen caprichosas en mitad del parque rural Macizo de Teno, en el municipio de Buenavista a 750 metros sobre el nivel del mar. Sus profundos valles, los abruptos acantilados y la abundante vegetación dibujan un paisaje que puede volver beato al más ateo.

El acceso es complicado, desde Santiago de Teide o Buenavista del Norte, una carretera de curvas sinuosas serpentea por el Macizo del Teno. Merece la pena descender la elegante carretera dejándose llevar por el embrujo de sus vistas. Su estrechez te encoge el corazón cuando eres testigo de los complicados movimientos que debe hacer un autobús repleto de turistas para tomar las curvas que descienden hasta el caserío.

Edificaciones de Masca en Tenerife

El trayecto de bajada se le puede atragantar a un acrofóbico no así si aprovechas los miradores que regalan unas vistas espectaculares del valle, como el mirador del Cherfe. El azul del Océano Atlántico de fondo, las montañas verdes y el aire puro de la isla te envuelven en un mar de sensaciones. Paz, es lo que se respira.

Tras varias paradas técnicas, apartar el coche para dejar pasar a los autobuses y hacer todo lo posible por no soltar una lagrimilla de emoción, llegas al pintoresco pueblo de Masca.

Calles empedradas, una tienda de souvenirs y el agradable olor a comida canaria recién horneada procedente de alguno de sus restaurantes confirman que el esfuerzo ha merecido la pena.

Entre sus pintorescos edificios, son de especial interés la pequeña iglesia del siglo XVIII y la casa de los Avinculados. Pero en Masca lo que gusta es disfrutar placidamente del paisaje que dibujan su acantilados escarpados y de las cuestas empinadas que te animan a continuar investigando este pequeño pueblo escondido entre las montañas.

Irremediablemente te sentirás abrumado por el lugar. No eres el único, todos a tu alrededor se sienten igual de empequeñecidos en este valle sin parangón. No eres tú, es que Masca causa un súbito síndrome de Stendhal, del que muy pocos se pueden salvar.