Pechón en Cantabria
Cantabria

Pechón el edén en la costa occidental de Cantabria

En el Val de San Vicente a pocos kilómetros de Unquera, famosa por sus dulces corbatas, se encuentra Pechón. Conocida como el edén del Cantábrico. Esta pequeña localidad de tan solo 224 habitantes se asienta entre bosques de encinas y eucaliptos, hermosas playas y calas que nacen entre rocas y verdes prados, alimentados por las intermitentes lluvias del norte.

Pechón un viaje por la costa oeste de Cantabria

Delimitado por dos rías, la ría de Tina Mayor desembocadura del río Deva, y la ría de Tina menor correspondiente a la desembocadura del río Nansa, el paisaje de Pechón discurre en la sierra plana sobre la que la fauna y la flora crean un paisaje único que pocos conocen.

En sus suaves laderas la fauna autóctona de robles, sauces o encinas se entremezcla con especies exóticas como el eucalipto. La carretera de curvas suaves y un solo carril en ambas direcciones nos eleva unos pocos metros sobre el nivel del mar, los suficientes para poder admirar el último tramo del río Deva. Es aquí escondida entre las verdes laderas de sus montañas donde se encuentra la tranquila playa de Pedreru, su difícil acceso le dan un plus extra al paisaje, la tranquilidad que muchos buscan.

Playa de Pechón en la ría Tía Mayor

No necesitamos avanzar demasiado por la carretera para encontrar el acceso. Pegado a un restaurante surge un camino que casi parece improvisado entre los árboles con una bajada empinada. Termina en una playa de cantos rodados que se deshacen en fina arena una vez llegan a tocar las aguas de la ría. Es una zona tranquila con pocos bañistas, el agua tan pura casi turquesa puede que haya definido a Pechón como el edén del Cantábrico.

Para conocer la segunda de las maravillosas playas que pintan la localidad de Pechón, debemos entrar en el Camping las Arenas. Los amantes de la acampada libre ven aquí el paraíso. Despiertan con vistas al mar, rodeados de bosques y con una playa a la prácticamente acceden rodando desde sus tiendas o caravanas. No es una playa privada, los no campistas deben llegar caminando desde el acceso en la carretera, sin aparcamiento y por un sendero entre árboles y el canto de las aves. Con un poco de suerte se podrá ver una pareja de corzos en total libertad, danzando a su antojo en plena naturaleza.

Camping las Arenas

La carretera avanza hacia el pueblo de Pechón. Vivir en el paraíso supone que los habitantes se multipliquen en época alta y en sus playas haya más toallas que de costumbre. No en vano, la hostelería lo agradece así como se agradecen las vistas desde el mirador de Pechón. Desde aquí disfrutamos de las hermosas vistas a la ría de Tina Menor en su desembocadura del río Nansa.

Antes la playa de Amaral de difícil acceso, nos da la paz a la que ya nos vamos acostumbrando. Arena fina y mar en calma, la felicidad a orillas del Cantábrico. Con la pleamar se une a ella la playa de Amió de canto rodado al inicio y de arena fina y dorada al final. No dispone de vigilancia como todas las demás pero si de un aparcamiento perfecto para coches y auto caravanas.

Vistas desde el Mirador de Pechón a la ría Tina Menor

La vuelta a la carretera es en dirección única abierta solo en verano. Su bifurcación invita a conocer el castillo de Berón ubicado al filo de un promontorio rocoso sin embargo, el acceso es privado y solo sus propietarios pueden disfrutar de sus magníficas vistas al mar.

Terminamos nuestra visita de vuelta a la carretera, pero no nuestro viaje. Pechón, sus paisajes y gentes, invitan a quedarse a descubrir los alrededores. Con la pureza del cantábrico las distancias son segundos, a tan solo 40 kilómetros se encuentra la villa de las tres mentiras, Santillana del Mar y Santander, su capital a menos de 50 minutos. Por el camino podemos ir parando a disfrutar de los rincones y la gastronomía que Cantabria guarda ¡Que no son pocos!

 

 

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